El Invernadero: “La nieve sigue sin derretirse”, por Hugo Román

El Invernadero: “La nieve sigue sin derretirse”, por Hugo Román

Hugo Román

Viendo El invernadero de Harold Pinter muchos no se creerán que esta obra fuera escrita en 1958. O tal vez piensen que (ahora que está tan de actualidad el tema) Marty McFly viajará desde el futuro junto a Doc para mostrarle al autor británico en qué se había convertido la sociedad años más tarde.

Pero no, por desgracia no hizo falta ningún Delorean, y la obra de Pinter sigue estando vigente porque seguimos (o siguen) cometiendo los mismo fallos. Porque El invernadero es una metáfora de cómo maneja el poder las sociedades occidentales.

Y es que esta brillante comedia negra, que se representa en el Teatro Olympia hasta el 25 de octubre, es un espejo en el que el espectador queda reflejado. Y en esa realidad absurda y deformada hasta el esperpento, el público va adentrándose en una atmosfera inquietante y perturbadora lograda gracias a su puesta en escena y a la interpretación de los actores.

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Porque ese gobernante, encerrado en su despacho, dirige desde el caos, el desorden y el desinterés sobre aquellos a los que debe “cuidar” ignorándolos. Para él son simples números, sin nombres ni caras, ni vidas propias. Y para ejercer su poder desde la corrupción y la incompetencia se vale de un séquito de intermediarios o funcionarios que a su vez quieren también acceder al poder mediante el asesinato o la seducción. Con sarcasmo, se trata de mostrar hasta dónde es capaz de llegar el poder para someter a las personas. Mostrar esa falta de empatía de las clases políticas con la gente de a pie excepto en época de elecciones.

El abuso de poder y las conspiraciones para acceder a él, se van sucediendo mientras los pacientes van sufriendo frío y van muriendo sin que nadie les llore. Porque nadie de los de arriba les echará de menos.

En esta disparatada y a la vez tan tristemente familiar pirámide de poder, solo la clase más baja es la que sobrevive mientras que los de arriba son reemplazados por nuevos incompetentes. Porque el que parece ser el Rey del tablero no es más peón que el resto del escalafón, ya que por encima de éste hay otro poder supremo que mueve realmente las fichas de la partida.

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La moraleja final es que el pueblo seguirá existiendo y dará igual quien lo gobierne, siempre habrá alguien dispuesto a ascender para tomar ese poder caiga quien caiga.

Eduardo Mendoza firma esta versión dirigida de manera sublime por Mario Gas, con un cartel de lujo. Gonzalo de Castro, Tristán Ulloa, Carlos Martos, Isabelle Stoffel, Jorge Usón, Javivi Gil y Ricardo Moya protagonizan esta obra con la que debuta la compañía “Teatro del Invernadero” creada por ellos mismos.

Viendo El invernadero, dice mucho de Pinter que en su discurso al recoger el Nobel de Literatura en 2005 en lugar de vanagloriarse, lo dedicara a criticar la labor de su gobernante (Tony Blair) por intervenir en Irak.

Como también dice mucho de este grupo de actores que han formado este “Teatro del Invernadero” para disfrutar de su trabajo y hacer disfrutar a la gente pero despertando conciencias.

Porque esta compañía usa la voz para remover, a través del teatro, sentimientos que todos tenemos dentro aunque a veces nos sintamos simples números; para que la sociedad deje de ser simples números y luche por una cultura al alcance de todos, y con todos me refiero a autores, actores y público. Porque la Cultura es un legado que dejar a nuestros hijos y como tal hay que protegerlo en lugar de querer eliminarla con impuestos y zancadillas.

Y como sucede en la obra, “levantar la voz” para reclamar algo que nos pertenece.

Porque la sociedad es una herramienta pero también un arma.

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