“Pieza Inconclusa para sofá y dos cuerpos”, por Hugo Román

“Pieza Inconclusa para sofá y dos cuerpos”, por Hugo Román

Hugo Román

El amor o el ciclo de la vida

El Amor es igual para todos. Conocer y empezar poco a poco a sentir algo por alguien es un proceso que se repite siempre de la misma manera. No entiende de sexos ni edades. Da igual que seas un niño, un adolescente, joven, adulto o anciano. Todos repetimos siempre las mismas “tonterías” al sentir esas mariposas que inundan nuestro estómago. Y todos actuamos igual, con esa sensación inicial de caminar casi sin tocar el suelo. Y digo inicial porque esas mariposas no viven para siempre en nuestro interior y es entonces cuando, al tocar el suelo de nuevo, nos encontramos con la realidad.

En la obra Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos (Teatre Talia del 25 al 29 de noviembre) se ven reflejados en todo momento aquellos que han estado enamorados alguna vez al narrar de una forma real el proceso de una pareja que había roto y años después se vuelve a reencontrar.

Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos es una historia diferente en cuanto a su planteamiento porque empieza por el final, cuando ya han terminado la relación,  para después contarnos todo lo vivido por ellos hasta ese trágico o liberador (según se mire) desenlace.

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Los actores que protagonizan esta historia, Blanca Oteyza y Mariano Rochman (quien además es el autor del texto y el director) rompen con esa cuarta pared que los separa del público desde el principio, convirtiéndonos en testigos privilegiados del ascenso y caída al vacío de esa relación, en la que no hay culpables ni vencedores ni vencidos. Seremos nosotros los que juzguemos al finalizar la función.

El espectador se sonrojará al verse reflejado en ese primer encuentro entre ambos, se enamorará, sonreirá con situaciones cotidianas por las que todos hemos pasado y sentirá dolor en el estómago cuando esas mariposas vayan muriendo. Porque Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos actúa como el alcohol que escuece para curar las heridas de cada uno de nosotros.

Y lograr hacernos sentir todo eso es culpa de la gran labor de los actores, de su frescura al interpretar el texto y la naturalidad con la que transmiten cada palabra. Y es que en el fondo, las lágrimas de los actores y del público son reales, porque cuentan cosas reales. Por una vez el teatro no es teatro.

El sofá es el elemento en torno al cual gira la historia. No hay que olvidar que el sofá suele ser el centro de la casa. En él es donde nos sentamos a charlar, a ver una película, a leer, convivimos o incluso, en alguna ocasión, sirve para dormir si el día no ha sido del todo “bueno”.

El sofá es el tren donde se conocen, la cama de su primer encuentro, el  lugar en el que conviven y el lugar en el que termina todo.

Todo ello reforzado por las video proyecciones  y frases que aparecen en una gran pantalla poniéndonos en situación a cada instante. Porque pocas veces una escenografía tan simple ha sido tan bien aprovechada de una forma original, coreografiada y efectiva.

Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos es como mirar un árbol del jardín a través de una ventana. Vemos como este florece en primavera lleno de alegría y de ilusión mostrando su cara más hermosa. En verano sus flores se han marchado, y ese colorido inicial da lugar a unas hojas verdes. Ese árbol se nutre de esa nueva vida que contiene. En otoño comprobamos que esta historia es caduca y poco a poco esas hojas que antes ayudaban ahora estorban y se van cayendo. Porque esas hojas son recuerdos y sentimientos que ya no sirven. De hecho en invierno, ya desprovisto de todo ese lastre amarillento, ese árbol se queda solo.

¿Será este invierno el definitivo para ese árbol o llegará una nueva primavera? La solución en las butacas del Teatre Talia.

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